No era el esfuerzo físico -que era sumamente escazo- si no el terrible aburrimiento del oficio lo que noqueaba por las noches a un sueño que parecía eterno.
Le encantaba dormir, decía que lo arrobaba como más nada. Además le fascinaba comentar sus sueños de lógica ausente -como todos los sueños-, lo intrigaban, aunque no le intereso buscar algún tipo de mensaje oculto en ellos, le causaba indiferencia lo esotérico, místico y metafísico. Le parecía asombroso lo real que podía llegar a sentirse un sueño, y lo vago que era el recuerdo de éste después de sestear, y aquellos pocos y abigarrados recuerdos que permanecían le parecían tan extravangantes que le producían una ligera sonrisa pícara que apenas se notaba en la comisura derecha de su boca.
Ya no iba a la iglesia desde hace más de 10 años, y la última fue más por obligación que por voluntad propia. Aunque coqueteaba con la idea de volverse ateo de una vez por todas, sabía que sería una tarea extremadamente peliaguda, el hecho de que la moral religiosa este en casi todo lo hacía así; es por esto que decidió tomar una posición pasiva ante esta, sin embargo criticaba para sí las afirmaciones que escuchaba en las efímeras discusiones teológicas que llegaba a escuchar de la pareja madura con la cual compartía un piso, aunque en distintos apartamentos en el edificio Radial, un estructura decolorada por los maltratos de la naturaleza.
La pareja con la que compartía el piso eran unos consumados filósofos, quienes habían sido premiados juntos, más de una vez, por su pensamiento trascendental. Habían tratado de demostrar, cayendo en el plano de la razón pura y abstracta -cosa por las cual tenían un amplio numero de seguidores y críticos- como la necesidad de una creencia aunado a la hegemonía religiosa de la iglesia católica, hacían de esta la religión con mayor numero de feligreses en todo el mundo. Sin embargo por el trajinar de la vida, no se sabe ni cuando ni como, habían terminado viviendo un diminuto apartamentucho y sus pensamientos posteriores se veían baladí.
Enzo en sus ratos libres visitaba a la mujer cada día para llevarle una bolsa de fruta, gesto que esta agradecía con aspavientos. Enzo esperaba a la llegada del esposo de su trabajo en el periódico del municipio para ayudar a la ya anciana mujer con los quehaceres del hogar, ella era 10 años mayor que su esposo, había sido profesora de este, así fue como se conocieron, siempre había sido ella la que llevaba el sustento al hogar, pero ya la avanzada edad no se lo permitía, lo que obligo al hombre a trabajar con desgano, el hombre a quien únicamente despegaba la vista de sus libros para comer o entablar una debate con su tozuda esposa, ya nunca jamas sería el mismo; Enzo se sentía muy identificado. Era enriquecedor para Enzo escuchar todas sus discusiones, que no eran de pareja normal; discutían sobre feminismo, falocracia, religión, matemáticas, literatura, y un montón de cosas más, la moderada cultura de Enzo se debía a sus bien desarrolladas facultades de discreto entrometido.
A lo mejor continúe...